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Vía Iniciática y Vía Mística

 

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«[…] La iniciación, en su proceso mismo, presenta unos caracteres totalmente distintos a los del misticismo, incluso opuestos, lo que basta para demostrar que hay aquí dos “vías” no solamente distintas, sino también incompatibles […] el misticismo es “pasivo”, mientras que la iniciación es “activa” […]. Esto significa principalmente que, en el caso del misticismo, el individuo se limita simplemente a recibir lo que se le presenta, y tal como se le presenta, sin que él mismo actúe para nada; y, digámoslo a continuación, en esto reside para él el principal peligro, en el hecho de que esté así “abierto” a todas las influencias, sean del orden que sean, y que por lo demás, en general y salvo raras excepciones, no tiene la preparación doctrinal que sería necesaria para permitirle establecer entre ellas una discriminación cualquiera. En el caso de la iniciación, por el contrario, es al individuo a quien corresponde la iniciativa de una “realización” que se perseguirá metódicamente, bajo un control riguroso e incesante, y que deberá normalmente conducir a superar las posibilidades mismas del individuo como tal; es indispensable añadir que esta iniciativa no es suficiente, pues es demasiado evidente que el individuo no podría superarse a sí mismo por sus propios medios, pero, y esto es lo que nos importa por el momento, es ella lo que constituye obligatoriamente el punto de partida de toda “realización” para el iniciado, mientras que el místico no tiene ninguna, incluso para lo que no va en absoluto más allá del dominio de las posibilidades individuales».

R. Guénon, Consideraciones sobre la Iniciación,
cap. I, Vía Iniciática y vía mística.

 

«[…] No hay iniciación sin ritos especiales y apropiados. La iniciación, en efecto, no es, como las realizaciones místicas, algo que caiga de las nubes, si puede decirse, sin que se sepa cómo ni por qué; descansa por el contrario sobre leyes científicas positivas y sobre rigurosas reglas técnicas; no podría insistirse más en ello, cada vez que la ocasión se presenta, para descartar toda posibilidad de malentendidos sobre su verdadera naturaleza».

R. Guénon, Consideraciones sobre la Iniciación,
cap. XV, De los ritos iniciáticos.

 

«[…] La confusión del punto de vista iniciático con el punto de vista místico, de la cual hemos hecho resaltar desde el principio su carácter particularmente insidioso, está naturalmente dirigida a engañar a los espíritus que no se dejarían engañar por las deformaciones más groseras de las pseudo-iniciaciones modernas, y que incluso podrían quizá llegar sin demasiada dificultad a comprender lo que verdaderamente es la iniciación, si no tropezaran en su camino con errores sutiles que parecen haber sido puestos expresamente para desviarles de tal comprensión».

R. Guénon, Consideraciones sobre la Iniciación,
cap. III, Diversos errores concernientes a la iniciación.

 

«En cuanto a los estados interiores cuya realización pertenece al orden iniciático, no son ni estados psicológicos ni aun estados místicos; son algo mucho más profundo y, a la vez, no son cosas de las que no pueda decirse ni de dónde vienen ni qué son exactamente, sino que, por el contrario, implican un conocimiento exacto y una técnica precisa; la sentimentalidad y la imaginación no tienen en ellas parte alguna. Transponer las verdades del orden religioso al orden iniciático no es disolverlas en las nubes de un “ideal” cualquiera; es, al contrario, penetrar su sentido más profundo y más “positivo” a la vez, disipando todas las nubes que detienen y limitan la visión intelectual de la humanidad ordinaria».

R. Guénon, El Santo Graal.

 

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