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«La enseñanza iniciática, para ser realmente útil, requiere naturalmente una actitud mental “receptiva”; pero “receptividad” no es en absoluto sinónimo de “pasividad”; y esta enseñanza exige por el contrario, por parte de quien la recibe, un esfuerzo constante de asimilación, que es algo esencialmente activo, e incluso al más alto grado que pueda concebirse».

René Guénon, Consideraciones sobre la Iniciación,
cáp. XXXV, Iniciación y pasividad.

 

«La piedra bruta puede por consiguiente también simbolizar la individualidad del aprendiz masón, dado que en él prevalecen los reflejos de las componentes sutiles inferiores, es decir las imperfecciones y los defectos que son de alguna manera el inverso de aquellas cualidades, de origen espiritual, que encuentran en otros dominios de lo sutil su reflejo microcósmico. De estas cualidades el cincel puede ser considerado como el vector, o sea como el instrumento que cataliza la transformación de los defectos en cualidades, si se usa según el método proporcionado por la tradición iniciática, para actuar sobre la componente psíquica de la individualidad de modo de actuar sobre los elementos válidos y positivos de ella y eliminar la escoria y las características negativas. Así, en este sentido específico, el método y la enseñanza iniciática pueden ser muy bien simbolizados por el cincel mismo, lo que permite poner aún más en evidencia, si así fuese necesario, cómo la necesidad de un método, por ende de una tradición y de una jerarquía, se presentan como indispensables por las condiciones cíclicas actuales que repercuten inevitablemente en una imposibilidad teórico-práctica de hacer solitariamente, al menos en un primer momento, un trabajo de tan grande alcance».

Tullio Massera, El Mazo y el Cincel, Rivista di Studi Tradizionali N° 36.

 

«Aquellos que no se determinan en ser recibidos como Masones, más que por llegar a saber el secreto, pueden equivocarse... El secreto de la Masonería es inviolable por su propia naturaleza, puesto que el Masón que lo sabe, no lo sabe más que por haberlo adivinado. No lo ha aprendido de nadie. Lo ha descubierto a fuerza de ir a la Logia, de observar, de razonar y de deducir. Cuando ha llegado, se guarda muy bien de participar de su descubrimiento a quien sea, aunque fuera su mejor amigo Masón, puesto que si éste último, no tiene el talento de penetrarlo, no tendrá tampoco el de sacarle partido, aprendiéndoselo oralmente. Este secreto, será, pues, siempre un secreto. Todo lo que se hace en Logia, debe ser secreto; pero todos aquellos que no tengan escrúpulos en revelarlo, en realidad no están revelando lo esencial. ¿Cómo podrían revelarlo, si no lo saben?».

Giacomo Casanova en sus Memorias, citado por Denys  Roman
en René Guénon y los destinos de la Francmasonería, cap. 9.

 

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